“Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Juan 17:17).
El texto bíblico de hoy nos recuerda la importancia de la Palabra de Dios como guía segura en un mundo cada vez más incierto y relativista. Hoy somos invitados a reflexionar sobre la necesidad de aferrarnos a la verdad divina en medio de los desafíos de la posmodernidad.
En un mundo en el que a menudo se cuestiona y relativiza la verdad, donde se anima a cada individuo a definir sus propias verdades, significados y certezas, los principios bíblicos corren el riesgo de ser sustituidos por la búsqueda incesante de relevancia personal. Lo que es relevante para mi vida cotidiana se convierte a menudo en algo más importante que la propia verdad. Un reconocido apologista cristiano solía contar una historia sobre la falacia del pensamiento posmoderno de que no existe una verdad absoluta. Un amigo lo llevó a ver un edificio de arquitectura posmoderna, sin formas definidas ni estructura lógica. Entonces preguntó: “¿La base del edificio también es posmoderna, sin forma, lógica ni reglas de construcción?”
Esta analogía nos lleva a reflexionar sobre la importancia de tener un fundamento sólido en nuestra vida. Así como un edificio necesita una base firme sobre la que sostenerse, nuestra fe necesita estar fundada en la verdad inquebrantable de la Palabra de Dios. No podemos construir nuestra vida espiritual sobre arenas movedizas, sujetas a opiniones cambiantes y modas pasajeras.
Necesitamos acudir a las verdades claramente reveladas en las Escrituras, el único fundamento seguro para todo lo que creemos y seguimos. Cuando Jesús dice: “En verdad os digo”, nos da la certeza de que su revelación es más firme que nuestras suposiciones, y que la verdad divina siempre será relevante. “En los preceptos de su santa ley, Dios ha dado una perfecta norma de vida; y ha declarado que hasta el fin del tiempo esa ley, sin sufrir cambio en una sola jota o tilde, mantendrá sus demandas sobre los seres humanos. Cristo vino para magnificar la ley y hacerla honorable” (Los Hechos de los Apóstoles, p. 402). Ahora reflexiona: ¿Cómo podemos reforzar nuestro compromiso con la verdad de la Palabra de Dios en un mundo que lo relativiza todo?