“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidiosoni presumido ni orgulloso” (1 Corintios 13:4).
La iglesia de Corinto era conocida por sus muchos problemas, desde la
inmoralidad hasta las divisiones internas. En medio de este caos, Pablo
señala un camino más elevado: el amor. Pero no cualquier amor. Habla de
un amor que moldea nuestras palabras, nuestro conocimiento y nuestras acciones. ¿Cuántas veces nos justificamos por decir palabras duras en nombre de la
sinceridad? Debemos recordar que el amor debe ser el filtro que utilicemos para
comunicarnos con los demás. No basta tener razón o saber la verdad; el amor
debe guiar nuestra forma de expresarnos.
Es esencial que el amor modele nuestra forma de hablar, porque la sinceridad sin amor puede herir y destruir. ¿Y qué decir de nuestras acciones? A menudo
nos enorgullecemos de nuestros logros, de proveer para nuestra familia, de dar
lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, el amor va más allá. “Se contemplará
a Jesús y el amor hacia él constituirá el móvil continuo que dé fuerza vital a cada
obligación asumida” (Joyas de los Testimonios, t. 2, p. 437).
El verdadero amor no es algo que nace en nosotros, sino que viene de Dios.
Es un amor que se manifiesta en Jesús, que es paciente, bondadoso y nunca
falla. Este amor no es un sentimiento pasajero, sino una fuerza constante que
nos permite amar incluso cuando no nos sentimos amados. Es un amor que perdona, que comprende y que busca el bien del otro por encima de todo.
Es crucial reconocer que cometemos un error cuando buscamos el amor dentro de nosotros mismos. Al localizar el amor en nuestras propias capacidades y
emociones, limitamos su alcance y su duración. El amor que transforma de verdad es el que trasciende nuestras limitaciones humanas, el que se origina en
Dios y se manifiesta en nosotros a través del Espíritu Santo. Así pues, busquemos este amor en Dios, permitiéndole que nos capacite para amar como él ama,
y seamos sus instrumentos, llevando esperanza y sanidad a quienes nos rodean.
Ahora reflexiona: ¿Cómo puede el amor de Dios transformar nuestra vida y
nuestras relaciones?