Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Hechos 5:14, 15.
Las últimas palabras de Jesús a sus discípulos fueron claras: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Marcos 16:15.
La misión no terminó con los primeros discípulos. Ese mismo llamado alcanza hoy a cada creyente.
Después de ascender al cielo, Cristo cumplió su promesa y envió el Espíritu Santo. En Pentecostés, los discípulos fueron llenos de poder y comenzaron a testificar acerca de Jesús crucificado, resucitado y ascendido.
Elena de White declara: “El espíritu misionero fue derramado en provisión ilimitada”.
Los discípulos no fueron detenidos por el prejuicio, la persecución o las dificultades. Continuaron proclamando con valentía la obra, la misión y el ministerio de Cristo. El resultado fue extraordinario: miles aceptaron el mensaje y cada día nuevos creyentes se añadían a la iglesia.
The Review and Herald, 6 de noviembre de 1894.
Este mismo Espíritu desea capacitarnos para OneVoice27.
Hoy tenemos posibilidades que los primeros discípulos no tuvieron: teléfonos, redes sociales, videos, radio, televisión y múltiples medios para compartir el evangelio. Pero el principio permanece igual: La tecnología amplifica el mensaje; el Espíritu Santo le da poder.
OneVoice27 no dependerá solamente de grandes campañas. Necesitará miembros dispuestos a llevar a Jesús a sus familias, amigos, comunidades y espacios digitales.
Cada discípulo puede ser un mensajero.
Cada hogar puede ser un centro de influencia.
Cada dispositivo puede convertirse en una herramienta para la misión.
Conclusión:
El Espíritu Santo transforma creyentes comunes en testigos valientes de Jesús.
La misión mundial comienza cuando cada discípulo acepta personalmente el llamado de Cristo: “Id y predicad”.
Tarea sugerida para hoy:
Ora: “Espíritu Santo, dame valor y muéstrame a quién debo hablarle hoy de Jesús”.
Luego comparte con una persona un mensaje sencillo acerca de Cristo: una promesa, tu testimonio o una invitación a conocer más de la Biblia.
El Espíritu Santo sigue buscando discípulos dispuestos a ser usados por Dios. Cuando le entregamos nuestra vida, Él nos llena de valor, pone personas en nuestro camino y transforma nuestros dones, recursos y medios en instrumentos para la misión. Cada día es una nueva oportunidad para compartir a Jesús y llevar esperanza a quienes lo necesitan.