“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”.
Filipenses 3:7
Uno de los mayores obstáculos para la misión no siempre está afuera de la iglesia. Muchas veces está dentro de nuestro propio corazón: el yo.
Elena de White señala que cuando el amor propio ocupa el primer lugar, nuestros pensamientos, nuestro tiempo y nuestros recursos terminan concentrándose en nosotros mismos, mientras hay personas por las cuales Cristo murió que todavía necesitan conocerlo.
Esta realidad nos plantea una pregunta: ¿para quién estoy viviendo?
Seguir a Jesús significa comprender que todo lo que somos y tenemos puede convertirse en un instrumento para su misión: nuestro tiempo, talentos, recursos, relaciones y también nuestra influencia digital.
Un teléfono puede utilizarse solamente para entretenernos, pero también puede llevar esperanza. Una red social puede utilizarse solamente para mostrar nuestra vida, pero también puede mostrar a Jesús. Nuestra influencia puede servir al yo o puede servir al Reino.
De cara a OneVoice27, Dios no necesita solamente personas que sepan utilizar los medios. Necesita discípulos que hayan decidido colocar sus medios, capacidades e influencia al servicio de Cristo.
“El poder convertidor de Dios debe pasar por nuestras iglesias”.
The Home Missionary, 1 de noviembre de 1890.
Cuando el yo disminuye, Cristo puede hacerse más visible.
Conclusión:
La misión comienza cuando dejamos de preguntarnos “¿qué quiero para mí?” y comenzamos a preguntar “¿cómo puede Jesús usarme para alcanzar a alguien?”
OneVoice27 será mucho más que una estrategia digital. Será una oportunidad para que cada discípulo coloque su voz, sus dones y su influencia al servicio de Jesús.
Pregúntate:
¿Cómo puedo utilizar hoy uno de ellos para acercar a alguien a Jesús?
Luego hazlo: comparte un mensaje de esperanza, llama a alguien, sirve a una persona o invita a alguien a conocer más de Cristo.
Menos yo. Más Jesús. Más misión.