¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Santiago 5:14, 15.
El poder de Cristo para detener la enfermedad en lo pasado ha sido revelado en forma admirable. Antes que fuéramos bendecidos con instituciones para ayudar a los enfermos en sus sufrimientos, mediante tratamientos diligentes y oraciones fervientes con fe en Dios tuvimos éxitos notables con casos aparentemente sin esperanza. Hoy el Señor invita a los que sufren a que tengan fe en él. La necesidad del hombre es la oportunidad de Dios.
“Salió Jesús de allí y vino a su tierra… y estaba asombrado de la incredulidad de ellos”. Marcos 6:1-6.
Con todo tratamiento que damos a los enfermos, debería ofrecerse oraciones sencillas y fervientes pidiendo la bendición de la salud. Señalemos a los enfermos al compasivo Salvador y su poder de perdonar y de sanar. Mediante su providencia gratuita pueden ser restaurados. A los sufrientes señalen a su Abogado en las cortes celestiales. Díganles que Cristo sanará al enfermo si se arrepiente y abandona la transgresión de las leyes de Dios. Hay un Salvador que se manifestará en nuestros sanatorios para sanar a los que se sometan a él.
Los sufrientes pueden unirse con ustedes en oración, confesando su pecado y recibiendo el perdón. —Manuscript Releases T 8: Pg. 267, 268.
Conclusión:
Dios sigue siendo el gran Médico. Él obra mediante la fe, la oración y el amor compasivo de sus siervos para traer sanidad física y espiritual a los que sufren.
Tarea sugerida para hoy:
Ora por una persona enferma o necesitada de consuelo. Si es posible, exprésale palabras de esperanza y recuérdale, el amor y el poder sanador de Cristo.